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Etapa 28 Orleans-Les Molières

Aquel 9 de diciembre de 2015, sentí algo especial, como seguro el resto de compañeros que nos habíamos embarcado en la travesía promovida por “AMA”, Madrid – París, para llevar soluciones a la cumbre del cambio climático, pues era la penúltima etapa, antes de llegar al objetivo “Paris”. Después de tanto recorrido, desde aquel 15 de noviembre, saliendo de Madrid, ya daba igual si habías salido desde Madrid, que algunos desde la primera etapa, ya llevábamos superados los 1500 km, como otros que se fueron incorporando en etapas sucesivas, el sentimiento era más el de haber participado, en la esencia…. íbamos de viaje a pedaladas incesantes sin contaminar, a la cumbre del clima “mundial”, aunque fuera estar allí en París, un acto de presencia simbólico. Sobre todo la satisfacción de haber superado, con tu bicicleta, llevando las alforjas, cada uno trasportando lo que consideraba, alguno con sus cinco alforjas (al máximo), varios compañeros, etapas muy duras, de mucho frio, de grandes desniveles, lluvia, de lluvia incesante, sobre todo antes de entrar en territorio galo, y en Francia, de haber hecho muchas etapas largas sin descanso, como los 6 días de golpe desde San Sebastián hasta Poitiers… Y ya sentíamos que íbamos a tener hecha la gran travesía, solo faltaba esta la penúltima larga de 109 km y la del día siguiente más corta unos 35km para entrar en la gran ciudad de Paris.

Temprano en el albergue, ya desayunados, habiendo recogido el equipo, preparado la bicicleta con las alforjas, como tantos días atrás en rutina hacíamos, con una técnica depurada por la costumbre, en esta la 20º etapa, nos íbamos agrupando fuera del albergue juvenil, en el jardín. En diferentes grupos, unos se formaban con número reducido de bicicleteros y otros más numerosos, dependiendo mas creo del ritmo que quería llevar cada uno, y le vía mejor. Todos dispuestos a afrontar el kilometraje arduo, superior a 100 km, aunque el desnivel fuera liviano, el frio otoñal debía de estar y estaba. La noche de antes en la cena, se había mirado el parte meteorológico para este día, pues el día anterior habíamos sufrido desde las 13 horas de la tarde un diluvio, que nos dejo empapados a pesar de la ropa impermeable, situación que te deja con mucho hastío, el pronóstico decía que iba a hacer bueno, el día iba a estar despejado y soleado, previsión que nos alegraba… cómo no!. También se había planificado sobre plano, que carreteras eran las más idóneas para llegar hasta Les Molieres, se cogió referencia de las que nos llevarían más directamente al final de etapa. Y antes de partir, revisábamos las chuletas preparadas con la numeración de estas, que serían las siguientes (D-97,D-11,D-110,D-22,D-6,D-838,D-836,D-838 para finalmente llegar a Les Molieres), donde nos iban a ceder a través del ayuntamiento un espacio en un Granja a las afueras del pueblo, una especie de casa Rural, para que nos alojáramos todos sin coste alguno.

Ya listos, sobre las 9:40 am, con todo lo que teníamos que saber, con ganas, el pequeño grupo risueño, un total de 8, con pronostico prospero, formado por “Amancay”, “Aitor” ambos de Vitoria, “Diegode Burgos, “Janade Galicia, “Dionyde Alicante, “Juanjo”, “Luís” y yo “Lope”, de Valencia, salimos del Albergue, como tantos días por la mañana con una niebla súper espesa, confiados a que en una horas se despejara, tomando la pista asfaltada “cicable” ( Cicable: termino que aun sin estar en el diccionario, desde hace años, esta en uso entre los bicicleteros; especifica vía por donde las bicicletas pueden transitar tranquilamente sin trafico de coches), que iba, va, paralela por la margen del rio “Loire”, tramo de la EURO-VELO, dirección oeste, recuperando lo que se había hecho el día anterior hasta el albergue, para llegar a la población de “Saint-Jean-La-Blac”, población colindante a Orleans, Orleans quedando al otro lado del rio al norte. Antes de llegar a Orleans, por la vía cicable, vimos entre la penumbra de la niebla que se acercaba una mancha color naranja, por una de las vías que se entre cruzaban, era “Abel” de Madrid, que cuando lo interceptamos, nos comento que el grupo con el que había salido, habían ido por otra vía, se había despegado de él atrás… estas situaciones pasaban en parte por la niebla. Y sumamos a “Abel” al grupete y de ser 8, aumentamos a 9 componentes e hicimos pilla risueña.

 

Teniendo que cruzar el rio “Loire”, para por el este de Orleans, yendo hacia el norte, ir saliendo del casco urbano y llegar sin mucha complicación a la carretera D-97, a los 10km de haber salido del albergue. Ya en la D-97, con un pequeño lapsus a los 2,3 km, de la inercia en un cruce nos desviamos por otra carretera que no era, pero enseguida a los 300 metros rectificamos y retomando la D-97 que iba hacía el noreste. En este tramo, aun con bastante niebla, ya íbamos rodando en fila de a uno por seguridad, bastante juntos para vernos, mas la carretera comarcal sin arcén de Francia, no da para ir agrupados, y la cabeza del grupo, vimos mas adelante, otra mancha de color esta vez verde pastel, en nuestro margen derecho de la carretera, resulto a pocos metros de ella, de que era Nano “Mariano” de Valladolid, que estaba arreglando un pinchazo, solo. Le preguntamos que de sus compañeros, y nos comentó que con la niebla y su grupo, no se enteraron al despegarse de que había pinchado, y se quedo colgado. Nada pues, lo adoptamos, ya casi habiendo terminado de reparar el pinchazo lo esperamos a que acoplara el equipo y lo sumamos al grupete.

Antes de iniciar la marcha, por la incidencia, del pinchazo en la carretera, vimos que por detrás se acercaban otras dos manchas de color, resultó que eran “Chema” y “Elena” de Valencia, e interesándose por el grueso parado, también esperaron y sumamos miembros al grupo de salida, ya no éramos 10 si no 12 componentes.

Dio alegría, como no podía ser de otra forma, las nuevas incorporaciones. Y agrupados, a partir de ahí, los 12 cogimos una seguidita directa, avanzando a un buen ritmo similar, todos, en fila de a uno. Teníamos que avanzar 34 Km para en un cruce rotonda tomar la D-11. Yendo por esta, serían las 11 pm, el cielo se fue despejando de la densa niebla para ir dejando paso a los rayos de sol tan esperados, para en poco tiempo tener la claridad de un día limpio “soleado”…y lo celebramos con jolgorio, con hurras al sol, vamos… que ganas teníamos de sentir los rayos de nuestro gran astro.

Después de ese cruce para coger la D-11, no pasaría unos 2,8 km, nos introdujimos en la población de “Aschéres le Marche”, que tras haber recorrido 35km, mas siendo las 12 horas del medio día, el grupo planteo que nos apetecía hacer una parada para almorzar. Con pleno consenso, previo ir al supermercado del pueblo, cogimos existencias y nos fuimos a reponer fuerzas en frente de la Iglesia de la población “kósciól de Aschéres le Marché”, en un plazuela bien ajardinada, que precisamente había una mesa rustica de maderos para todos. Faltaba bastante aun pero la energía positiva, nos tenía enfilados y retomamos la marcha a las 12:30 pm. Nuestra prioridad era, también, hacer los ciento y pico kilómetros antes de que se fuera el sol, en la tarde otoñal (oscurecía muy pronto, a las 18, de noche casi) haciendo que la temperatura cayera muchos grados, y el cuerpo eso lo sentía bastante, mas desgaste para calentarlo, se sufre más. Mas rodar por carreteras tan estrechas sin arcén, por la noche no era nada agradable. Durante el día aun. De noche y casi segura niebla… muy mala combinación. Las paradas había que hacerlas cortas, pues largas, aumentaba la jornada y eso hacia acumular desidia. La etapa ya de por sí era larga por tantos kilómetros y llevar una media en el rodar de entre 14 y 18 km/hora, unas 7:30 de marcha sin parar, con las paradas no podías sumar más de 9 horas, no era plan de llegar mucho mas tarde de las 18:30.

Tras avanzar 1,5 km de la parada, dirección noroeste, al llegar a los 37,8 km desde el principio de ruta, teníamos que cambiar de carretera comarcal, a la D-110, que ya iba más directa hacía el norte, hasta los 53,6 km del inicio, para volver a cambiar a la D-22, entre estas carreteras “Elena” pareja de “Chema”, picho la rueda delantera y todos paramos en un cruce a solventar la indecencia. Mientras tanto, vimos como por donde habíamos venido venían otros compañeros bicicleteros agrupados, por lo visto nosotros no llevamos mal ritmo. Tras preguntar si necesitábamos ayuda, y ver que no, unos continuaron, y otros compañeros como “Francis” de Madrid, “Javier” de Argentina” y “Jose” de Valencia, se quedaron con nosotros para retomar la marcha una vez reparada la rueda, para de 12 aumentar a 15 miembros en ruta. Y ya en trayecto por la D-6, pasamos a la D-838 como estaba anticipado en las chuletas, para llegar muy enfilados en fila de a uno, los “15” a la Población de “Dourdan”, que tras 85 km hechos, y siendo las 16, las 4 pm, sin haber comido desde las 12:30 era ya momento de comer bien. E introduciéndonos en la población, llegamos al centro histórico, donde estaba la iglesia y el castillo medieval que data del 1220 d.c., vamos un lugar idílico para retomar otra vez fuerzas, comiendo algo. Al poco se despegaron del grupo de 15, “Chema” y “Elena” salieron antes de “Dourdan” y al poco, “Francis”, “Jose” y “Javier”, que también marcharon, quedando los 9 que nos habíamos unido desde el principio.   Ya bien comidos y habiendo hecho alguna que otra foto, los nueve que quedábamos, “Luís”, “Juanjo”, “Aitor”, “Amancay”, “Diego”, “Jana”, “Abel”, “Diony” y yo “Lope”, a los 40 minutos de entrar en (Dourdan) iniciamos la marcha, pues aun quedaban unos 35 kilómetros, que esperando llevar una media por encima de los 18 km/h, en menos de dos horas podríamos llegar a “Les Molieres”. Desde “Dourdan”, si que empezamos a sentir un cierto desnivel de sube y baja, dejando la planitud, el llano constante. Eso hizo que la media no superara lo previsto, pero no llevamos mala marcha… y sobre las 18:09 el grupete de 10, entramos en el pueblo de “Les Molieres”

Ya con ganas, habiendo hecho la friolera de 105 km, solo faltaba encontrar la granja, que estaba apartada de la población y bordeando esta por el sur, entramos una vía asfaltada entre la campiña y yendo en fila de prácticamente, de no ser una carretera de tráfico, de repente nos acoso un vehículo, para adelantarnos, esta conductora que llevaba a sus hijos, fue tan bestia, que no quiso esperar a sobrepasarnos cuando otro coche venía de frente, esto casi provocó una colisión con el que vehículo que venía por delante y algunos compañeros que por poco los derribó, al tener que parar porque el otro coche ya estaba encima, obvio todos la increpamos su mala acción, que… que! Barbaridad, un malestar. Sin poder solucionar nada y si ver que todos estábamos bien, confortados quisimos seguir enseguida, ya no faltaba nada. Y aun con visión, aunque acercándose la noche, divisamos en una loma la furgoneta de la organización, a unos 500 metros, y ya teníamos claro que allí estaba la granja.

Entramos al recinto, a muy buena hora, serian las seis y treinta de la tarde y aunque ya habían llegado otros grupos, entramos triunfantes, llenos de alegría. Y en cuanto dejamos colocadas las bicis, al pique de “Amancay”, el grupo de 9, mismo desde casi el principio, quisimos celebrar nuestra llegada, haciendo un rondo abrazados, nos pusimos a dar brincos y dando gritos de júbilo, felices de otra proeza humilde mas. Fue fantástico, emoción aun mucho mayor, como comento al inicio de esta crónica, estábamos ya tocando “Paris”.

Y después de ese momento espontaneo merecido, ya para ubicarnos, adherida a la casa principal, los señores de la casa, que nos cedían alojamiento, habían preparado una sala de unos 50 metros, diáfana, del mismo complejo familiar, que tenía moqueta, se pidió que entráramos sin las zapatillas, obvio para no estropearla. Allí se fue colocando los compañeros que ya habían llegando, como nosotros, ubicando las esterillas y los sacos de dormir, intentando aprovechar el máximo el espacio, acoplándonos como si fuéramos canelones, unos pegados a otros, mas faltaban aun casi la mitad por llegar de los 40 compañeros en la travesía. Pensando que pudiera faltar, espacio, los señores de la granja, también facilitaron además el granero, que estaba enfrente ya separado del complejo familiar. Se pensó que quien quisiera, con la tienda plantada dentro, podría ubicarse. Creo recordar que varios, compañeros como “Mauricio” de Venezuela, residente en Barcelona, que estaba haciendo la travesía con una bici cargo la plantó dentro, así como “Toñin” de Burgos, uno de los compañeros que llevaba en la bicicleta, todos los enseres, todas a las alforjas 5 , también plantó la tienda.

Quiero comentar, acabando esta crónica, la consecuencia de este alojamiento, en la granja de “Les Molieres”. Como ya sabíamos el grueso del grupo, informados por parte de la organización antes de salir del territorio nacional, se comentó que las cinco últimas etapas, desde “Poitiers” hasta “Paris”, no habían podido concertar alojamientos para esas noches. Y el viernes 4 de diciembre, que llegamos a “Poitiers”, en el ultimo alojamiento garantizado, en la casa ecologista cedida por parte “Associatión Saint-Eloi”, en asamblea, los organizadores de la travesía, planteo que se admitían sugerencias de posibles alojamientos, a los componentes de la ruta, para evitar utilizar las tiendas que llevábamos, pues el frio que estaba haciendo por las noches pudiera ser muy insoportable. Hubo compañeros que propusieron alternativas, como albergues, autoservicio-hostel, y se fueron tomando las diferentes propuestas, y se estuvo trabajando para ir enlazando.

A mí, ese viernes 4 de diciembre, se me ocurrió llamar, desde “Poitiers”, a uno de mis 6 hermanos, hermana “Sara Fernández” que vive en Francia, años, en una población (Gif Sour Ivette) yendo hacia Paris, a unos 35 km de esta, pero fuera de la ruta inicial que tenía prevista la organización, que su penúltima etapa era (Charters), Charters que quedaba el doble de lejos de Paris, al suroeste. Planteándole el problema, a Sara, de no tener alojamientos desde Poitiers, le pregunté si habría posibilidad que… si a través de alguien que conociera, encontrar algún lugar de acogida. Me contesto, receptiva y con ganas de colaborar, que miraría, al día siguiente sábado mismo. Posteriormente a esa conversación, le comenté a “Héctor,” presidente de AMA que “Sara” estaba en proceso de ver si se encontraba algo, y que se pusiera en contacto con ella, que le enviara vía e-mail, información de la organización y de la marcha, para que ella pudiera informar formalmente a quien fuera. A “Héctor” le pareció bien, e incluso “Héctor” planteo, enviarle una carta preparada en francés para los distintos ayuntamientos locales explicándoles el motivo de la travesía. Soluciones al cambio climático.

El sábado 5 de diciembre, día de descanso en “Poitiers”, otra vez hablé con Sara, y me comentó que le había comentado el caso a un amigo suyo “Herbé”, y este también quiso colaborar, “Herbé” implicó en la causa, a otro amigo suyo, alcalde de “Les Molieres”, 4 km de donde vía Sara y Herbé. Fue este último quien contactó con el matrimonio de la granja, pidiéndoles ayuda, un espacio para todos, que finalmente prestaron en muy corto plazo de tiempo, pues la llegada de unas 45 personas… era en 3 días después de contactar. Se confirmo todo a través de Héctor, y finalmente se decidió en asamblea, en la siguiente escala “Tours” que era muy buena opción, llegar a “Les Molieres” desde “Orleans” aunque fueran 109 Km, y sobre todo por el espacio que cedían sin coste, y que además al día siguiente, para la última etapa, estábamos ya cerquísima de París.

Agradecer a todas las personas que han hecho posible la travesía, desde la organización, a todos los componentes dando pedales, que sin esas piernas dando pedaladas no sería lo mismo. A todas las personas desconocidas que nos acogieron. TRAVESIA YENDO EN BICICLETA, Madrid a Paris sin contaminar.

Crónica.
6. f. Narración histórica en que se sigue el orden consecutivo de los acontecimientos.
Escrito a 29 de diciembre de 2015
Texto por: Lope Fernández Vidal. Componente, bicicletero,  de la travesía Madrid – Paris, salida en mi caso desde Madrid.

 

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