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Adaptación al cambio climático Ya

Por su situación geográfica, España es uno de los países de la Unión Europea donde más intensamente va a impactar el cambio climático.

A pesar que el actual nivel de conocimiento sobre el cambio climático en España, imposibilita hacer una estimación al detalle de los sectores económicos y lugares que serán más afectados, hay fenómenos en los que existe un amplio consenso y son:

– Incremento de la temperatura media de 2º a 5ºC
– Disminución de la precipitación de un 10% a 33%
– Escasez y salinización del agua
– Aumento de los incendios forestales
– Disminución en la productividad agrícola
– Impactos en la salud
– Aumento del nivel del mar entre 20 y 130 cm
– Aumento de los fenómenos meteorológicos extremos
– Tendencia general de acidificación y desertificación
– Aumento de conflictos en el arco Mediterráneo
– Aumento de las migraciones procedentes de África

Estos impactos no serán homogéneos en todo el país, pues existe una gran diversidad climática previa, así como diferencias entre el campo y la ciudad. Las estrategias de adaptación al cambio serán igualmente variadas, lo cual no significa que no sea absolutamente necesario mitigar estos impactos tanto como se pueda.

En España, la necesidad de seguir avanzando en el conocimiento del cambio climático y sus efectos debería ser un compromiso de Estado, con lo que se hace urgente una Ley de cambio climático y Adaptación Ya¡¡

Firma por una Ley de Cambio Climático Ya¡¡

Firma

Impactos previstos para España 2015 - 2050

Cambios climatológicos

Agua y biodiversidad

Impactos en los cultivos

Impactos en el turismo

Desastres naturales

Impactos en la salud

Si nos centramos en un escenario de aumento de 2ºC, podríamos estar hablando de veranos altamente cálidos, que provocarán situaciones de calor intenso, acompañados de olas de calor de 44ºC – 46ºC. Los inviernos serán más cálidos e incluso el número de nevadas pueden reducirse en más de un 50% con respecto a las cantidades de nevadas que hay hoy en día, lo que provocará un mayor estrés hídrico, tanto en verano como en invierno.

Aumentos de temperatura de 4 ó 5ºC crearán veranos extremos más largos. No se descarta que los veranos pasen a tener una temperatura media de más de 30ºC con olas de calor que podrían llegar fácilmente a los 50ºC

Sin duda, podríamos estar ante unas situaciones de un clima prácticamente imposible para la vida rutinaria española durante todos los meses de verano, y que en días puntuales podría ser extremo incluso para la vida. Estas altas temperaturas tendrán un efecto directo sobre la superficie del mar, especialmente en el Mediterráneo, ya que se calentará mucho más. Aunque en el total de precipitaciones sólo se estima una caída debemos tener presente que las lluvias torrenciales serán muchos más frecuentes. Un agua cálida permitirá crecer grandes sistemas tormentosos, algunos de cientos de kilómetros, que aunque ya se dan cada cierto tiempo provocando cuantiosos daños, ahora serán más frecuentes. Especialmente en áreas del litoral, este tipo de tormentas podrían arrasar muchos espacios construidos en áreas inundables, provocar una gran erosión y pérdida de suelos. En definitiva, por efecto de las altas temperaturas del verano, las tormentas de otoño serán mucho más grandes y frecuentes debido a la gran cantidad de vapor.

Otro fenómeno que se espera que ocurra de forma más frecuente son las oleadas de polvo sahariano. Aunque también ocurre en la península, se espera que ahora lo haga de forma mucho más frecuente, y con una mayor carga de partículas, por lo que tendríamos un efecto añadido del clima que provoca graves daños en la salud, y de forma indirecta en otros sectores como el aeronáutico o la agricultura. En definitiva, estaríamos ante una situación en los próximos años de veranos mucho más calurosos y extremos en cuanto a temperaturas, que pueden venir acompañados de grandes cantidades de polvo sahariano.

En otoño, serán más frecuentes las lluvias torrenciales en el Mediterráneo, y además en conjunto, lloverá menos a lo largo del año. Esto desequilibrará los balances hídricos y provocará periodos de estrés hídrico, y en ocasiones sequías estivales mucho más frecuentes y rigurosas que ahora. Todo esto ocurrirá con mayor o menor intensidad cuanto mayor sea el aumento de temperaturas; mientras que ante aumentos de 2ºC los cambios serán graves, con aumentos de 4ºC los cambios serán muy graves y extremos.

En cuanto a los recursos hídricos, debido a la tendencia a la baja de las precipitaciones y una mayor evapotranspiración, se estima que de aquí a 2050 éstos podrán reducirse un 16% de media en España, lo que equivaldría a unos 20.000 hm3 de agua

En algunas cuencas hidrográficas como la del Guadalquivir podría llegar al 33% o el 27% en la del Segura, y hasta un 10% en las cuencas del norte. La parte más afectada será la mitad meridional, que además será la que más sufra la disminución de las precipitaciones. Esto repercutirá en los ecosistemas acuáticos. Con un gran nivel de certeza se puede asegurar que el cambio climático hará que parte de los ecosistemas acuáticos de la península pasen de ser permanentes a estacionales, y que muchos de ellos desaparezcan. Los ecosistemas que se verán afectados en primer lugar serán los endorreicos, lagos, lagunas, ríos, arroyos de alta montaña, humedales costeros y ambientes dependientes de las aguas subterráneas. Mucho de los humedales que hoy conocemos, y que ya se encuentran en declive por la extracción de agua, podrían desaparecer por completo, como Doñana, Las Tablas de Daimiel, las Lagunas de Ruidera, la Albufera de Valencia o las Lagunas de Villafáfila.

Del mismo modo, los glaciares que aún quedan ya habrán desaparecido por completo para estas fechas, y se habrán transformado los bosques, por no hablar de todos aquellos que hasta 2050 hayan podido sobrevivir a los incendios forestales. En los ríos las especies termófilas se desplazarán aguas arriba (buscando aguas más frías cerca de los nacimientos) y disminuirá la proporción de especies de aguas frías. Como hemos visto, se producirá una mayor virulencia de parásitos y un aumento de poblaciones de especies invasoras que podrían acabar por extinguir las especies autóctonas. En los ecosistemas terrestres, se alterará la fenología y las interacciones entre especies. Esto favorecerá la expansión de especies invasoras y plagas, aumentando el impacto de los problemas ambientales, tanto naturales como antrópicos. En España, desde un punto de vista regional, las zonas y sistemas más vulnerables al cambio climático serán: las islas, los ecosistemas aislados (como son las islas edáficas), los ecosistemas de alta montaña y los ecotonos o zonas de transición entre sistemas

Los impactos directos sobre la diversidad vegetal se producirán a través de dos efectos antagónicos: el calentamiento y la reducción de las disponibilidades hídricas, que producirán una “mediterraneización” del norte peninsular y una “aridificación” del sur.

Actualmente no sabemos qué especies serán capaces de evolucionar y adaptarse a tiempo al cambio climático y cuáles no. Tampoco sabemos si las plantas aumentan la eficiencia en el uso del agua para resistir a la sequía y el calentamiento, y si estos procesos se acelerarán con los ciclos biogeoquímicos. Lo que es evidente es que muchos ecosistemas serán incapaces de adaptarse. En las especies animales cabe esperar cambios reproductivos en las poblaciones, con adelantos o retrasos en el inicio de actividad, así como en la fecha de las migraciones. Además habrá desajustes entre predadores y sus presas debidos a respuestas diferenciales al nuevo clima.

Otro efecto que se prevé es el desplazamiento en la distribución de especies terrestres hacia el norte o hacia mayores altitudes, en algunos casos con una clara reducción de sus áreas de distribución. La fisiología de las especies de los árboles puede verse profundamente afectada. Los caducifolios (castaños, hayas, robles,..) alargarán su ciclo vegetativo. La renovación de las hojas y de las raíces finas de los perennifolios (maquia, garriga, estepa,…) se acelerará, alterando el balance interno de reservas de la planta. Conforme aumente la temperatura y la demanda evaporativa de la atmósfera, la cantidad de agua subterránea disminuirá, lo que supondrá un importante factor de estrés para las plantas.

En las zonas donde ya sufren un déficit hídrico esto puede ocasionar una reducción considerable de la densidad del arbolado. En casos extremos, áreas susceptibles de albergar sistemas arbolados pueden perder esta condición, pasando a ser matorrales u otra vegetación de menor porte.

Añadido a ello, las plagas y enfermedades forestales pueden jugar un papel fundamental en la fragmentación de las masas forestales. Con el aumento de las temperaturas, algunas especies perforadoras o defoliadoras pueden llegar a completar dos ciclos biológicos en un año o aumentar su área de colonización como consecuencia de los inviernos más benignos. Las bajas temperaturas que antes acababan con ellos, ya no lo harán

Los sistemas agrarios se verán perjudicados por el incremento en la temperatura del aire, por la concentración de CO2, así como los cambios en las precipitaciones estacionales, aunque los efectos serán contrapuestos y no uniformes en las distintas regiones españolas. Todos los cultivos de la granja mediterránea y del sur de España se verán especialmente afectados. La prospectiva del impacto del cambio climático sobre cítricos, vides y olivos es preocupante, tanto por su relevancia económica, como por la social y cultural. Hoy en España, el olivar y el viñedo ocupan alrededor de 3,5 millones de hectáreas. Ambos cultivos están en retroceso. La producción de uva se extiende por Andalucía, Cataluña, las riberas del Ebro y del Duero y ambas mesetas.

Ante escenarios de subida de 4 ó 5ºC la vendimia sería prácticamente nula en muchas zonas del país como el Valle del Duero, el Valle del Guadiana o Navarra, ya que el calor impedirá crecer correctamente las uvas y ésta estaría mucho más seca.

El olivar se extiende por toda la Meseta Sur, Andalucía y Extremadura, además de por el litoral mediterráneo, llegando al valle del Ebro. La mayoría de su producción se destina a la transformación en aceite. En Jaén es casi un monocultivo, pues ocupa el 63% de la superficie cultivada.

Coincide la bajada del rendimiento en términos generales de estos cultivos con el aumento de las temperaturas y la frecuencia de los fenómenos climáticos extremos. En ausencia de estudios prospectivos específicos de los mismos en relación al cambio climático, podemos decir que todo apunta a que esta tendencia se puede profundizar hasta cuestionar la viabilidad económica de todos ellos.

El mismo futuro se prevé para el cultivo de cítricos, del que depende alrededor del 60% de la economía en la Comunidad Valenciana. Con una subida de 4 ó 5Cº se pone en riesgo toda la huerta de Valencia y Murcia, ya que muchos árboles pueden no resistir el calor del verano. Es probable que en 2050 las plantaciones de cítricos hayan desaparecido de la región y se haya ido trasladando hacia el norte, por ejemplo, a las faldas de los Pirineos o a centroeuropa. Los aumentos de temperatura aumentarán la demanda evapotranspirativa de los cultivos, incrementándose las necesidades de riego en algunos casos. En el sur y sureste de España la demanda de agua se incrementará de forma pronunciada, siendo el estrés térmico más frecuente y duradero

La distribución y alcance de las plagas y las enfermedades de los cultivos de importancia económica puede variar y su control natural por las heladas y bajas temperaturas del invierno. En zonas como las mesetas, podría disminuir. Además la modificación de las temperaturas puede producir el desplazamiento a latitudes mayores de algunas enfermedades

En España el turismo supone alrededor del 11% del PIB nacional, que llega al 45% en Baleares y al 30% en Canarias y este sector se va a ver gravemente afectado por el cambio climático. Además, la escasez de agua va a provocar problemas de funcionalidad y/o viabilidad económica de numerosos destinos turísticos, tanto de la península, como de las islas. El incremento de las temperaturas modificará los calendarios de la actividad turística en España, aumentando los viajes en las estaciones intermedias, como primavera y otoño. Por otro lado, la elevación del nivel del mar amenazará la localización actual de determinados asentamientos turísticos y de sus infraestructuras.

En cuanto a los riesgos naturales de origen climático, en las cuencas mediterráneas y del interior la mayor irregularidad del régimen de precipitaciones ocasionará un aumento en la irregularidad del régimen de crecidas y de crecidas relámpago.

A la espera de confirmación por modelos climáticos más afinados, el aumento de la torrencialidad conllevará un mayor número de deslizamientos de tierra superficiales y corrientes de derrubios, cuyos efectos podrán verse multiplicados por los cambios de uso del suelo y un menor recubrimiento vegetal, tal y como ya hemos visto. Debido a las temperaturas y la falta de agua en el suelo, durante el verano aumentarán los incendios forestales, lo que también inducirá a una mayor y más duradera desecación de los combustibles, como ramas y hojas secas

En general, esto también repercutirá en los gastos de los seguros y una mayor cuota de las pólizas. Si la temperatura media planetaria aumenta 5ºC en gran parte de la península ibérica será imposible realizar las actividades que hoy se realizan y en algunas zonas, la propia vida social se verá cuestionada.

En la salud humana se espera un aumento en la morbi-mortalidad causada por las olas de calor, que se apuntan como más frecuentes en intensidad y duración en los próximos años.
Por otro lado, el aumento previsible de las partículas contaminantes y del ozono serían los principales impactos relacionados con la contaminación atmosférica
A estos impactos en la salud habría que añadir la extensión geográfica de vectores ya establecidos o por la implantación e instalación de vectores sub-tropicales adaptados a sobrevivir en climas menos cálidos y más secos.
Entre las enfermedades vectoriales susceptibles de incrementar su incidencia en España se hallan algunas transmitidas por mosquitos (dengue, enfermedad del Nilo Occidental, malaria) o garrapatas (encefalitis).

La primavera se adelantará debido al calor y al bajo rigor del invierno lo que provocará todavía un mayor número de alergias debido a la diversidad de pólenes y a la alta concentración de éstos. El agua acumulada en los humedales tras las lluvias del invierno, durante la primavera se calentará, permitiendo el desarrollo de vectores transmisores de enfermedades tropicales como la malaria en zonas como el suroeste de Andalucía, zonas centrales de Castilla La Mancha o Valencia.

Fuente:
Impactos del Cambio Climático en España y Europa
(Documento que sintetiza docenas de artículos científicos e informes internacionales, consensuado por distintos organismos e instituciones)
Por Jonathan Gómez Cantero, geógrafo y climatólogo (Universidad Autónoma de Madrid y Universidad de Alicante), especializado en el estudio de desastres naturales y riesgos ambientales. Formó parte del grupo español de revisores del 5º Informe de Cambio Climático del Panel Intergubernamental de expertos sobre Cambio Climático de la ONU (IPCC).