69 69 24 304 [email protected]

Etapa 14 Palencia-Burgos

Palencia 21 de noviembre de 2015
Son las nueve de la mañana y ya algunos estamos impacientes por empezar la etapa de hoy. Los amigos de Pata de Cabra nos van a acompañar y eso nos tranquiliza un poco porque en el pensamiento de todos está el kilometraje, nada menos que 93 Km, y la posibilidad de encontrarnos con el viento de frente. Lope es el primero en dar rienda suelta a las ganas de pedalear y enseguida se le une el resto del grupo. Dejamos Palencia animosos y alegres con el sentimiento de que nos queda la deuda de volver a esta ciudad para conocerla mejor y hacer más amigos.
Pronto dejamos sus calles y avanzamos por el campo circundante en medio de una sensación de paz y silencio. El aire es limpio y fresco y luce el sol. Parece ser que las predicciones de viento y lluvia van a tardar un poco en hacerse realidad. Cuatro corzos atraviesan la carretera con prisa y se pierden en el bosquecillo del otro lado sin dar tiempo a sacar la cámara. Un saludo breve de la fauna y una bienvenida a la naturaleza. Estas son las cosas de la bicicleta: avance silencioso y en armonía con el mundo. Me siento bien.
Ya en la primera cuesta, aunque suave, el grupo se va desgranando en un rosario de cuentas de colores; desde lo alto, una hilera larga de puntitos que parecen inmóviles ocupa un buen trecho del camino; pero si te fijas ves que avanzan despacio, sin prisa pero con determinación. Se van de nuevo agrupando en pequeños núcleos según el ritmo que cada uno se ha impuesto o es capaz de seguir.
Me sumo en mis pensamientos. ¿Por qué hago esto? Es fácil: porque me encanta. Me gusta sentirme en contacto con el planeta, casi puedo hablar con él en estos momentos. Le pregunto: ¿aún queda esperanza? No tengo claro cual es la respuesta pero quiero creer que sí, que el planeta es poderoso y nosotros no vamos a acabar con él aunque nos empeñemos en ello. Todo lo más que conseguiremos es no poder habitarlo. Pero eso a él no le importa, casi prefiere que nos extingamos y le dejemos en paz para volver a crear vida. Y tiene razón. Si lo que queremos es no poder vivir, estamos en el camino correcto.
Pero yo quiero que mis hijos y mis nietos, si es que por fin vienen, hereden un planeta habitable. Por eso pienso en la próxima cumbre de París en la que deseo con todas mis fuerzas que se tomen decisiones importantes. Me debato entre el optimismo de pensar que el ser humano no puede ser tan estúpido y pronto haremos algo definitivo, y el pesimismo de que esto es un paripé de gobiernos para que todo siga igual. Me acuerdo de la fábula de las liebres: pierden el tiempo discutiendo si son galgos o podencos y cuando deciden correr ya es demasiado tarde. En París se debate qué debemos hacer cuando lo que hay que hacer es todo, ya. Corred idiotas, corred o será demasiado tarde; ya es tarde. Deberíamos haber empezado a correr hace mucho y aún estamos debatiendo si son galgos o podencos.
En Palencia conocí a algunos que han empezado a moverse y se organizan en movimientos, cooperativas de energía limpia, estudios de emisiones soluciones alternativas para empresas, asociaciones de ciclistas, ecologistas. Por cierto ¿se puede no ser ecologista? Son tan pocos…! No sobra nadie.
Javier, el argentino patagónico, pide un gobierno utópico mundial de humanistas. Voto por él. Voto por cualquier iniciativa pero que sea ya. Ninguna es mejor que la otra, todas pero ya.
Pienso que yo sólo no puedo cambiar el mundo, pero sí puedo cambiar lo que está en mi mano y a mi alrededor. Una decisión individual que puede cambiar el mundo, o eso quiero creer. Por eso participo, necesito hacer algo.
En fin, mi mente vuelve a la ruta y me uno a un grupo en el que nos organizamos para hacer relevos. El viento empieza a subir y la temperatura a bajar. El cielo despejado empieza a cubrirse de nubes oscuras que presagian sufrimiento para los ciclistas. A la vista de Santa María del Campo, un arcoiris enorme hace de puerta hacia Burgos. Es bonito, el paisaje es impresionante, pero esos colores dicen que está lloviendo más adelante. El viento arrecia y los que nos habíamos reagrupado en el cruce no somos capaces de rodar juntos; esto parece una batalla individual de muchos. Toda una metáfora de la lucha contra el cambio climático.
Unos pocos decidimos organizarnos después de comer algo en el bar. Por fortuna, Juanjo y Mario, de Pata de Cabra, están en ese grupo. No sé cómo agradecerles su esfuerzo para hacernos más fácil la ruta. Fueron generosos hasta el agotamiento y consiguieron que nuestro grupetto llegara a Burgos a una hora decente. Unos pocos habían llegado antes y el resto lo fue haciendo a cuentagotas con el rostro marcado por el cansancio. El frío, el viento y las cuestas son el tema de conversación entre nosotros y menos mal que la lluvia no nos ha alcanzado. Afortunadamente, la encargada del Pabellón nos deja ducharnos sin esperar a las diez como estaba previsto. No le pregunté su nombre pero gracias, fue todo un ejemplo de amabilidad.
Nos empezamos a reocupar por los rezagados pero pronto sabemos que han sido recogidos por el coche escoba y la furgoneta y eso nos tranquiliza. Milo y Héctor no nos han olvidado y han demorado su salida de Palencia con este objetivo.
Más tarde, la gente de Burgos en Bici nos regala su hospitalidad y un piscolabis que todos devoramos con ansia en su local mientras comentamos animadamente las vicisitudes de la etapa. Es emocionante que tanta gente esté pendiente de nosotros y de lo que hacemos. Sobre las diez de la noche llegan los últimos héroes de la etapa cansados, con frío pero con la satisfacción en el rostro por haber terminado… ¡¡¡trece horas después de empezar!!!
En fin, después de un día agotador, pasadas las once de la noche nos quedamos dormidos nada mas entrar en el saco. Menos mal que mañana es día de descanso.
¡¡Ánimo grupo!!

Eduardo Abad

Leave a Reply