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Etapa 22 Burdeos-Barbezieux

Nos despertamos en Burdeos, en las casas de los voluntarios que muy gentilmente nos habían acogido. Nos vestimos rápidamente y tomamos el desayuno caliente que nos estaba esperando en la mesa. La cita para la partida era a las 8 de la mañana en “La Maison de velo”, así que no había mucho más tiempo que perder y enseguida partimos hacia allá.

En el taller de “La Maison de velo” pudimos poner a punto nuestras bicicletas para la gran marcha que nos esperaba. Después de alguna cámara reventada, algún despiste para encontrar el sitio y largas esperas, por fin, partimos desde Burdeos; eso sí, acompañados por un fuerte frío y por una densa niebla matutina.

A nuestro paso, la ciudad de Burdeos se escondía tímidamente entre la niebla, lo cual le daba un ambiente misterioso al ambiente que nos rodeaba. Pasamos por antiguos edificios y largas calles hasta que, para salir finalmente de Burdeos, atravesamos un largo puente que se sumergía de lleno en la neblina. Tanto era así, que desde dentro del puente era imposible dirimir dónde se hallaba su principio y dónde su final. Aquella sensación era sobrecogedora, como de estar pedaleando en el cielo rodeado de nubes.

Después de pedalear 20km a través de bosques, curvas y carreteras bajo la niebla, decidimos parar en un pueblo sobre el camino para retomar fuerzas y continuar la marcha. Aprovechamos para pasar por una boulangerie, calentarnos con un chocolate caliente y probar un rico croissant de la zona.

foto caballos y bici marta_webAunque mucho nos seduzcan los pequeños pueblos franceses con sus altas iglesias y verdes paisajes, urge continuar la marcha para llegar a nuestro próximo destino. Así, pedaleamos sin apenas detenernos por grandes colinas y largas laderas; en el trayecto varios animales salen a nuestro encuentro: gallinas, caballos, cabras y hasta algún camello que se había escapado del circo 😛

Pero definitivamente son fechas en las que el día no da para mucho y enseguida llega la noche, así que, deteniéndonos lo justo por los fallos mecánicos y las paradas para recuperarnos. Con la noche ya encima nuestra, nos introducimos rápidamente en la recta final de carril bici que nos llevaría directamente a nuestra próxima parada. El carril bici estaba completamente oscuro e iba a través de árboles y arbustos, así que nos arrejuntamos con la gente que de mejor luz disponía para poder ver el camino y mantenemos un buen ritmo para que no se nos hiciera más tarde.

Al final del carril bici, pasados ya la marca de los 100km de la etapa, un local nos esperaba para guiarnos hasta la misma entrada del gimnasio, donde fuimos recibidos calurosamente con aplausos, comida, bebida y calefacción. ¿Qué más se le podría pedir para acabar esta maravillosa jornada?

Un día más y cada vez más cerca de nuestro destino final: París.

Au revoir!!

 

Relato escrito por Abel

Abel en la playa de San Juan de Luz

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